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martes, 7 de diciembre de 2021 - 01:35 h

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José Ángel Sáiz Meneses: "La fuerza de las hermandades es un tesoro, una oportunidad que hay que aprovechar"

FOTO: Religión Digital

08.11.21 RELIGIÓN DIGITAL ENTREVISTA AL ARZOBISPO DE SEVILLA

José Ángel Sáiz Meneses: "La fuerza de las hermandades es un tesoro, una oportunidad que hay que aprovechar"

Jesús Bastante / Religión Digital

"Me siento estupendamente acogido. Los sevillanos me han abierto las puertas de sus casas y de su corazón". José Ángel Sáiz Meneses acaba de llegar a Sevilla, pero se siente como si siempre hubiera estado aquí. El nuevo arzobispo de Sevilla recibe a RD en el mismo despacho que antes ocuparon Carlos Amigo (cuya labor reivindica el prelado) y Juan José Asenjo, con vistas a la Giralda, en mitad de la capital hispalense.

Un lugar de encuentro para un hombre que se ha enamorado de la vida de las hermandades y las cofradías, y que ve en la religiosidad popular una oportunidad para hacer presente la "Iglesia en salida", especialmente ahora que arranca el camino sinodal. Hablamos con él:

-Estamos en el Palacio Arzobispal de Sevilla con el nuevo arzobispo, José Ángel Sáiz Meneses. ¿Cómo le ha recibido la ciudad?

-Muy bien, tanto a nivel intraeclesial; el presbiterio, la vida consagrada, el pueblo fiel, como a nivel de sociedad civil y de instituciones y administraciones. Me siento bien acogido y muy feliz.

-Terrassa ya lo era, pero también Sevilla es una diócesis grande con una vida y una historia muy ricas. Y ya, si nos ponemos a hablar del poder, la influencia y de la penetración social de la cofradías, hermandades, monasterios de clausura...

Sí. La verdad es que Terrassa era grande, tiene un millón seiscientos mil habitantes. Y Sevilla ronda los dos millones. Pero aquí hay 268 parroquias, 34 monasterios de clausura, son unos mil quinientos miembros de la vida consagrada. Y, después, hay setecientas hermandades. Las realidades de Iglesia, instituciones y nuevos movimientos tienen mucha implantación y mucha presencia. Es un conjunto variadísimo, enorme y con vida.
-¿Cómo es la fe del sevillano?

-Es una fe muy expresiva. Una fe seria y profunda. Las hermandades, por ejemplo, no son solo procesionar por la calle; durante todo el año se viven los cultos con solemnidad. Con vida espiritual y atendiendo la oración. Se cuida también la formación. En eso ha trabajado mucho don Carlos Amigo, y don José Asenjo ha continuado ese trabajo. Y yo también le iré dando continuidad.

Además, tienen una obra social impresionante. Por ejemplo, aquí las parroquias funcionan. Cáritas, a nivel parroquial. Encuentro mucha vitalidad, la verdad.

-Una sociedad como la sevillana, tan acostumbrada a vivir en la calle, a encontrarse, entiendo que tras la dura experiencia del confinamiento está con ganas de todo.

-Sí. De hecho, había muchas ganas de salir. Decidí, el 14 de septiembre, firmar un decreto que actualizaba el anterior, de Juan José Asenjo, en el que autorizábamos el rlto externo. Fue una explosión de alegría y de agradecimiento porque había muchas ganas y ya era un clamor. Las circunstancias habían cambiado; el índice de vacunación era mucho más alto, la incidencia y el índice de contagios había bajado..., en fin. Además, la Conserjería de Salud también había actualizado su normativa.

Ahora ya se está saliendo, de hecho esta es la segunda semana de la Misión del Gran Poder y la respuesta ha sido espectacular.
-Eso demuestra de que hay un deseo de que también la fe tiene que contribuir a salir de esta situación. Y aquí se nota.

-De hecho está contribuyendo; las Cáritas diocesanas, las Cáritas parroquiales y también la acción de las hermandades han tenido un despliegue impresionante durante la pandemia. Y lo seguirán teniendo.

Esta salida del Jesús del Gran Poder está teniendo una incidencia grande. Todo el mundo va allá a ganar el jubileo. Y en las parroquias, en colegios, seminarios, los pueblos, entidades... Esta mañana hemos tenido un Consejo presbiteral donde se ha constituido el nuevo Consejo, y lo hemos comentado porque lo cierto es que tiene un impacto y una fuerza transformadora realmente enormes.

-¿Hay algo que le haya sorprendido especialmente en el tiempo que lleva aquí?

-Es toda una inmersión gigantesca y un descubrimiento continuo. Casi, diría, que lo que más me sorprende es la fuerza que tiene la vida religiosa y la expresión de la fe en la calle y en las plazas. En lo público. Y la fuerza que tienen las hermandades. Es decir, que la vida social, en buena parte, está vertebrada por ellas; todo el mundo forma parte de alguna.

-Eso es una oportunidad, más que una dificultad, a la hora de establecer un diálogo político, social o cultural.

-Es un tesoro. Y, efectivamente, es una oportunidad que deberíamos aprovechar ahora. Lo que voy viendo y compartiendo ya en los Consejos episcopales, en el Consejo presbiteral, en las reuniones de este año. Aquí hay veintiocho arciprestazgos. Yo le dije al secretario que tenía que encajar en la agenda una reunión con cada uno de ellos y al final lo consiguieron. Estoy pasando por todos ellos y me reúno durante toda la mañana. Lo hago así para conocer todo el territorio porque, si no, Sevilla ciudad me absorbería.
Aparte de eso, voy a las parroquias, allá donde me piden, para confirmar. O a la fiesta patronal o a alguna celebración de inicio de curso. Y, efectivamente, un reto es compactar toda esa vitalidad, porque las parroquias van por un lado, las comunidades religiosas por otro, los monasterios, los nuevos movimientos, la Acción Católica, o las instituciones de Iglesia o las hermandades... Todas trabajan y todas tienen vitalidad, pero van un poco cada una a su aire. Lo importante, respetando los carismas y las formas de cada uno, es compactarlo. Ahora, el Sínodo es una buena oportunidad. "Comunión, participación, misión" para crecer en esa comunión eclesial y en esa sinodalidad. Y en vivir todos esa misión que es común.

-Ya sé que es nuevo en la diócesis pero ¿Cómo plantean el Sínodo? Probablemente, más que en otros sitios, en Sevilla la participación de distintas realidades, pero también de los laicos, puede ser mucho más potente que en otros lugares.

-De momento, hemos tenido un buen arranque porque la Eucaristía de apertura del Sínodo, que fue en la catedral, ha sido la primera gran celebración tras la crisis de la pandemia. En la despedida de don Juan José Asenjo o en la toma de posesión mía, el aforo era de ochocientas personas. (Normalemente, allí se pueden juntar dos mil quinientas). El caso es que, según los cálculos que se hicieron después, asistieron ciento cincuenta sacerdotes y diáconos, y dos mil quinientas personas. Por lo tanto, un momento muy bonito y muy sinodal; muy de comunión diocesana, de ilusión y de ir recuperando autoestima pastoral, también.

Yo voy lanzando el mensaje de que todas las parroquias participen. Que en todas se constituyan grupos sinodales.

-¿Se puede generar una participación real?

-Yo creo que sí. Lo que pasa es que esta etapa diocesana durará poco. Yo voy insistiendo mucho en que en todas las parroquias diocesanas haya, al menos, un grupo. Y si puede haber más, mejor. Que en todos los movimientos, instituciones, etc. haya grupos de reflexión y también en todas las hermandades. Hasta abril, que es la etapa diocesana. Después, enviaremos nuestra síntesis a la Conferencia Episcopal. Tras esto, lo que les voy diciendo es que esos grupos sigan trabajando el plan pastoral, porque el plan acabó el curso pasado, (ahora estamos en prórroga) pero hay que preparar uno nuevo para los próximos cinco años.

-Y qué mejor que aprovechar la oportunidad sinodal.

-Sí. Esos grupos sinodales pueden continuar la reflexión e ir enviando propuestas e ideas para el plan. A ver; mi ilusión sería que esos grupos continúen para siempre, o al menos mucho tiempo. Y creo que es posible porque percibo bastante ilusión.

-Es que da la sensación de que en algunos lugares el Sínodo es una grandísima oportunidad, pero que no terminamos de ver cómo enfocarlo. Tal vez estamos demasiado acostumbrados, los laicos sobre todo, a que el clero sea el que nos marque los pasos y no sabemos cómo afrontar la responsabilidad.

-La verdad es que el ser humano tiende a caer en las inercias. Y estos dos años están siendo un poco duros. Creo que durante el confinamiento y la pandemia ha habido mucha creatividad. Tanto en la liturgia como en la formación, en la catequesis. Y en Cáritas, donde los comedores sociales ya no eran presenciales y también se solucionó. Ahora tenemos que volver a coger el ritmo y la intensidad. Yo percibo que hay un deseo profundo de volver y es cuestión de que nosotros sepamos, como dice el Papa, que a veces estás detrás del rebaño y otras, delante o en medio. Pero todo es dinamizarlo, acogerlo y acompañarlo.

-Juan Espadas, que es el alcalde, es socialista y cristiano. ¿Eso es una oportunidad también? ¿Han tenido algún encuentro?

-Sí, en la primera semana.

Cuando llegué, la primera visita que hice fue a la catedral e hice una oración, una ofrenda para la Virgen de los Reyes, que es la patrona de la ciudad y de las diócesis. Después, visité la Casa Sacerdotal, los sacerdotes mayores, los seminarios. También obras de Cáritas, entre ellas "Las 3000 Viviendas" y "Los Pajaritos". La Casa Madre de la Hermanas de la Cruz y diferentes instituciones.

En esa primera semana tuve una entrevista con el presidente, Juanma Moreno, y con el alcalde, Juan Espadas. Tenemos una muy buena relación institucional. Y ahora, nos encontramos con frecuencia. Normalmente, me encuentro, cuando voy a algún pueblo, con una pequeña recepción donde están el párroco y el alcalde o alcaldesa. Muy bien, la verdad.

-¿Cómo piensa que será su primera Semana Santa aquí?

-La viviré como un momento de gracia de Dios y de encuentro con Dios, con los hermanos y con la Iglesia. Yo, en estos acontecimientos, disfruto. Esto es lo mejor de la vida de obispo; el encuentro. Me resulta muy gratificante.






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