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lunes, 6 de diciembre de 2021 - 23:51 h

XXXVI Jornada Mundial de la Juventud 2021

José Ángel Sáiz Meneses: "La fuerza de las hermandades es un tesoro, una oportunidad que hay que aprovechar"

La hermandad "obrera" de Ntro. Padre Jesús del Socorro fundada en 1931

01.04.21 - Escrito por: Antonio Ramón Jiménez Montes

Nos aproximamos a las circunstancias que pudieron influir en la creación de la cofradía del Silencio en 1931, aunque ya desde 1919 se había procesionado al Crucificado de la antigua hermandad de Santa Lucía en la madrugada del Viernes Santo, como recogen varios números de La Opinión de aquellos años.

La aprobación de la Piadosa hermandad y cofradía del Santísimo Cristo del Socorro (vulgo Silencio) tiene lugar mediante decreto episcopal del 15 de enero de 1931. Previamente, don Antonio Povedano Roldán como párroco de Santo Domingo de Guzmán, dirige un escrito al obispado de Córdoba en el que podemos leer sus aspiraciones:

"Que para fomentar más y más la devoción de los fieles a Nuestro Padre Jesús Crucificado, imagen veneranda que se le da culto en esta iglesia de su cargo y que se conoce con el nombre del Señor del Socorro, y es uno de los principales pasos que figura en las procesiones de la Semana Santa, ha constituido una hermandad, compuesta solo de obreros, llamada del Silencio, porque con traje de penitencia, cruz en los hombros y riguroso silencio, forman la procesión a la una de la noche, después de haber confesado y comulgado en corporación en la mañana del Jueves Santo. Que considerando justos y laudables los deseos de estos obreros suplica a V.E.I. se digne aprobar los adjuntos estatutos por los que ha de regirse esta hermandad. En Cabra a 1 de noviembre de 1930".

Hay que tener en cuenta que en febrero de 1930 se había promulgado un decreto conjunto de las diócesis de la provincia eclesiástica de Sevilla, en la que se incluye el obispado de Córdoba, con las normas dictadas a las cofradías de cada uno de los territorios diocesanos. En las normas se hacía referencia a las cualidades que han de tener los individuos elegibles para las juntas directivas o de gobierno de las cofradías y hermandades (cofrade, varón, mayor de catorce años y con un año de antigüedad en la cofradía, católico cumplidor de los preceptos, de moralidad intachable y honradez ciudadana, que no estuviera afiliado a ninguna secta ni sociedad reprobada por la Iglesia como la Masonería o el Socialismo, u otras); el número de personas que las constituirían (inferior a 20 aunque podría haber otros tantos como auxiliares sin formar parte de las juntas); cómo había que celebrar los procesos de elección en Cabildo General y, finalmente una constante en las directrices episcopales como era Algunos abusos que han de evitar las Juntas de Gobierno de las Cofradías y que vienen a remarcar aspectos conocidos en los siglos anteriores en prescripciones de los obispos de Córdoba y en relación a cuentas, actividades, gestión, estatutos y funcionamiento.

No fue cuestión menor que en la puesta en marcha de la cofradía figure la condición de obreros para los fundadores. Detrás estaba el párroco don Antonio Povedano Roldán (1878-1951) cuya intervención es tan destacada como su orientación lo fue en las personas que la creaban. Lo mismo que el sacerdote don Pedro Pedrosa y la figura de uno de los primeros miembros de la fundación, José Pastor Luque que como recogía La Opinión en 1929 supo captarse «la simpatía de unos cuantos obreros», en aquellos años que supusieron cambios fundamentales para la Semana Santa de Cabra.

Veamos la situación de partida en aquellos años.

Encontramos referencias al Círculo Católico de Obreros creado en junio de 1877 y cuya finalidad según Díaz del Moral era "infiltrar de nuevo en el espíritu de los asalariados las enseñanzas religiosas y corroborar sus vacilantes creencias" También organizaba conferencias religioso-sociales, aunque desapareció apenas una década después de su creación.

No debemos olvidar que en aquella sociedad finisecular y en los primeros años del siglo XX, el sermón, junto a la religiosidad popular todavía seguían constituyendo casi la única fuente de contacto con el mundo religioso, pero también con el cultural y político. En nuestro caso, la presencia de La Opinión como decenario local suponía contar también con un elemento de difusión de cierta importancia que el padre Povedano no duda en utilizar para sus fines.
Antonio Povedano Roldán fue ordenado sacerdote en 1902, llega a Cabra en 1918, donde permanece hasta su muerte, casi en olor de santidad, un 11 de marzo de 1951, Domingo de Ramos.

Desde octubre de 1918 y en varios números hasta enero de 1919, se publicaron en las páginas de La Opinión varios artículos bajo el título "Urgente obra social" firmados por el sacerdote Antonio Povedano. En el mismo se defendía el sindicato católico (que pretende ser continuador del desaparecido Círculo católico obrero del siglo XIX) que "establece como base de su fin principal, de su organización, el fin religioso" frente al socialismo pero también como complemento del economato que ayudaría a las familias a poder contar con ayuda en sus necesidades de subsistencia. Sus estatutos se publicaron en La Opinión, en enero de 1919 y a modo de conclusión, también firmada por A. Povedano, se decía "sin el pan de la inteligencia, que es la enseñanza y sin el pan del corazón, que es la educación, jamás se podrá encauzar rectamente y de un modo seguro y definitivo a un pueblo". Digamos que estas referencias se unen a los objetivos que perseguía el Sindicato Católico cuyos estatutos se basaban en estos tres pilares: religión, instrucción y jornal. Entre los instrumentos que venía defendiendo encontramos también "conferencias morales (religiosas), escuelas de adultos, y para niños, instrucción" todo ello defendiendo que "una sociedad sin fin religioso jamás perfeccionará el ser moral de sus individuos" puesto que, como señalaba el sacerdote "querer prescindir de Dios en cualquier obra, es edificar sobre arena".

El problema de las subsistencias, la carestía de la vida, la falta de trabajo, las malas condiciones laborales y el analfabetismo imperante se unían a una pretendida renovación en lo religioso. Estos planteamientos tienen mucho que ver con el desarrollo de la denominada Doctrina Social de la Iglesia que el papa León XIII inaugura con la encíclica Rerum Novarum en mayo de 1891. Pero también en las instrucciones sobre la pedagogía cristiana o la instrucción religiosa de los obreros que impulsó, ya en el siglo XX, el papa Pio XI. Y don Antonio Povedano parece que estaba plenamente identificado con estas directrices pontificias poniendo manos a la obra en el ámbito de su parroquia y con una notable influencia en nuestra ciudad.

En este contexto, la formación religiosa y una inquietud social y política del párroco de Santo Domingo permiten poner en marcha iniciativas para los obreros católicos y sus familias que se irán materializando poco a poco. Así nacen el Sindicato Católico Agrario, las Escuelas del Ave María y, más adelante, la cofradía de Ntro. Padre Jesús del Socorro, como "cofradía de obreros".

A lo largo de casi dos décadas, la labor de don Antonio Povedano estuvo enmarcada por estos planteamientos, pero también por el contexto político-social en el que se van consolidando las obras que quería poner en marcha. En la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) la campaña de moralización de las costumbres planea en una época de política católica, de la que el propio dictador no escapa, pues tenía una visión católica de la sociedad. Los círculos agrarios católicos, el nuevo concordato del Tratado de Letrán, el papel de los municipios, el contexto de crisis en la clase obrera, las malas cosechas, son algunos de los escenarios en los que la política y sus representantes irán desarrollando estrategias y actuaciones con su repercusión en los años siguientes. Don Antonio Povedano no es ajeno a este convulso período y situado en una posición determinada, fue uno de los párrocos que «comprendieron que con el dictador comenzaba una época de política católica» como señala Martí Gilabert en su trabajo La iglesia y la dictadura de Primo de Rivera publicado en el Anuario de Historia de la Iglesia en 1993.

En el plano local la situación no es menos compleja y la composición de las corporaciones hace que entre 1930 y 1932 haya hasta siete alcaldes. Como señalan Casas y Calvo en su Historia de Cabra en el Siglo XX, la oligarquía local controla la clase política de la que forman parte, aunque sea en diferentes partidos o coaliciones.

En cuanto a la obra de Antonio Povedano podemos decir que, tras la creación del Sindicato Agrario Católico en 1919 se pone en marcha, en 1920, el centro de enseñanza primaria de las Escuelas del Ave María, inspirado en las del padre Manjón de Granada y que, definitivamente en 1921 consolidan su andadura. También en 1920 se crea la que se denomina Juventud Católica del Sindicato y en 1922 el Círculo Católico de Obreras, que en apenas un año cuenta con más de 50 mujeres asociadas.

En 1927 se crea la Asociación Católica de Padres de Familia, la primera de la provincia de Córdoba, también con el apoyo del párroco de Santo Domingo y arcipreste don Antonio Povedano. Tanto en La Opinión (núm. 797 de 26-6-1927) como El Popular (núm. 495 de 15-2-1928) encontramos referencias al ideario y los fines de esta asociación de la que fue presidente Ángel Cruz Rueda.

Cuando en mayo de 1931 se publica la encíclica Quadragesimo Anno. Sobre la restauración del orden social en perfecta conformidad con la ley evangélica al celebrarse el 40º aniversario de la encíclica Rerum Novarum de León XIII del papa Pío XI, la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) pretende plantear alternativas a la realidad del momento. Desde León XIII la DSI denunciaba que había asociaciones que se imponían contra la Iglesia y la sociedad y "en ese caso los obreros cristianos se ven en la alternativa de inscribirse en asociaciones con peligro para la fe o de constituir sus propias sociedades". Pio XI también plantea en 1931 la necesidad de una unidad obrera católica. que "desde el evangelio, como católicos, debemos dar respuesta a nuestra realidad y en ella, la economía y la política". Ese tipo de asociaciones querían destacar la dimensión social de la persona y una opción preferencial por los pobres, frente al individualismo en un modelo de sociedad que desde la Iglesia pretende ir de las clases sociales a las profesiones y su organización. De ahí que el corporativismo gremial y las asociaciones profesionales se propugnen entre los católicos para un dominio de la sociedad desde una concepción cristiana del Estado y considerando fundamental que haya estas sociedades intermedias.

En la encíclica que se publicó el 15 de mayo de 1931, podemos encontrar algunos de los rasgos que el sacerdote egabrense don Antonio Povedano había venido implantando durante su actividad como párroco y arcipreste. Un texto que pedía expresamente a los sacerdotes que "se entreguen a la educación de los hombres que les han sido confiados (...) que se crearan asociaciones cristianas, fundando círculos de estudio, que deben llevarse según las normas de la fe" y en las que la unión de todos los hombres de buena voluntad, "bajo la conducta de los pastores de la Iglesia, en esta buena y pacífica batalla de Cristo, y todos, bajo la guía y el magisterio de la Iglesia, en conformidad con el ingenio, las fuerzas y la condición de cada uno, traten de hacer algo por esa restauración cristiana de la sociedad humana, que León XIII propugnó por medio de su inmortal encíclica Rerum Novarum".

Hay que indicar que antes de 1931, en que tiene lugar la constitución formal de la cofradía, los antecedentes de la procesión del Silencio quedan recogidos en la prensa. La Opinión (núm. 891, de 14 de abril de 1929) decía: «El digno arcipreste y párroco de Santo Domingo don Antonio Povedano, puso mucho de su parte para que la procesión resultara con gran brillantez y devoción; no pasaremos por alto la labor desarrollada por el sacristán de dicha iglesia, sr. Pastor Luque, para acrecentar la hermandad, pues esta ha quedado constituida con los hermanos, vestidos de capuchón, que entonaron el Vía Crucis y que gustó mucho por ser un acto conmovedor; además, aludido sacristán, ha sabido captarse la simpatía de unos cuantos obreros y quedó constituida la ya indicada hermandad, siendo estos los fundadores de la misma». La crónica, firmada por el seudónimo de Carótida, nos amplía información que marcará el estilo de la cofradía en la calle, a la vez que felicitaba al sacristán y fundador, José Pastor Luque por «el acierto que tuvieron en la organización de tan perfectas y bien organizadas filas de capuchones enlutados, luciendo escudo con calaveras, signo de lo que hemos de ser a través de los tiempos». El artículo terminaba con la relación de los 18 hermanos que «integran la fundación de la misma» y entre ellos el joven Pedro Pastor «tocando un tambor con sordina»

Con estas líneas hemos querido destacar el papel del venerable sacerdote don Antonio Povedano Roldán fue decisivo no solo en el nacimiento de esta cofradía del Santísimo Cristo del Socorro, sino en el ambiente socio religioso de nuestra ciudad. Lo mismo que el papel de aquel grupo de obreros que capitaneó José Pastor Luque y que junto al apoyo de don Pedro Pedrosa, impulsaron la estética y sentido de esta piadosa hermandad y cofradía.

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