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jueves, 16 de septiembre de 2021 - 18:02 h

Las cofradías y la vuelta al culto externo

Seguir a Jesucristo, cargando con la cruz

Un oficio de siglos: santeros y santeras de la Virgen de la Sierra, patrona de Cabra

04.01.21 - Escrito por: Antonio Ramón Jiménez Montes

Se publica estos días por parte de la Real Archicofradía de Nuestra Señora, María Santísima de la Sierra, una convocatoria muy especial para buscar santeros de nuestra Patrona en su casa del Picacho, en el histórico Santuario de la Sierra.

A lo largo de distintas etapas históricas y relacionado con la devoción mariana y la religiosidad popular en torno a los santuarios y ermitas, la figura del santero o la santera es una de las más comunes.

En sus orígenes equiparado al oficio de los ermitaños, no siempre tenemos constancia documental ni muchos estudios al respecto, pero si una larga tradición oral y una vinculación popular muy significativa. A cambio de cuidar la ermita, recibían limosnas de peregrinos a los que incluso daban techo o comida. Se les permitía cuidar alguna tierra, huerto o rebaño y tenían casa facilitada por el propio santuario o ermita.

Si buscamos entre los viejos papeles o en los modernos enlaces de internet, es un oficio que la RAE describe (en una de sus acepciones) como «persona que cuida de un santuario» y que, en el caso de Cabra, tiene una especial y entrañable condición siempre ligado a la devoción de la Virgen de la Sierra. También los ha habido en otras ermitas locales, como el Calvario, San Juan del Cerro, la Soledad o la Aurora, todos ellos desaparecidos y ninguno de tanta tradición ni historia como en el caso del Santuario de nuestra patrona.

Al jubilarse el actual, Antonio Sabariego Gallardo, se pone fin a una saga de santeros que, a lo largo de más de dos siglos, han estado al frente de la santa casa del Picacho. Pero son mucho más antiguas las referencias que tenemos al santero o santera de la Virgen de la Sierra y vamos a intentar aproximarnos a este oficio cargado de historia en nuestra ciudad.

PRIMERAS REFERENCIAS

La primera referencia que encontramos está en un repartimiento de 1577 al que hacía referencia el profesor de la Universidad de Granada, Eduardo Lapresa en un artículo publicado en La Opinión en 1971. Se trata de un pleito de los vecinos de la villa de Cabra por la presión fiscal que soportaban reclamando que se vuelva a los privilegios de Alfonso XI. En este documento, conservado en la Real Chancillería de Granada, encontramos que «al servicio de las iglesias se hallan 6 clérigos, 5 sacristanes y 1 santero». Pensamos que ha de referirse al de la Virgen de la Sierra cuya cofradía podría haberse reorganizado en torno a 1560 fecha en que figura visitada por el obispo de la diócesis.

Apenas unos años más tarde encontramos el primer nombre relacionado con este oficio. Se trata de una mujer y el dato lo tenemos en un documento de 1591, que encontramos en el libro de 2005 «María Santísima de la Sierra Coronada» - vol I coordinado por Lourdes Pérez y Manuel Osuna-. La santera se llamaba María Pérez y consta que se le daban dos ducados al año «porque tiene cuidado de ir y venir a la ermita a la limpiarla y ataviar la imagen». La santera reclamaba que se le pagara también por seguir con esos menesteres mientras la Virgen estaba en Cabra por obras en el santuario.

Dos años más tarde, un nuevo dato alude ya expresamente al santero. Así lo recogía el cronista oficial de la ciudad Luis Cabello Vannereau en un artículo que publicó en El Egabrense y que ya nos da el nombre del primer santero del que tenemos constancia documental: se llamó Domingo Castro y tenía tal oficio en el año 1593. Es un documento del archivo de protocolos, ante el escribano Pedro de Ribera, sobre un incidente en la romería de la Virgen de la Sierra que tuvo lugar un 7 de septiembre de ese año. En el incidente y posterior pleito figuran varios testigos y entre ellos se cita expresamente a Domingo Castro, santero.

Estos datos del último cuarto del siglo XVI, son las referencias escritas que nos permiten considerar a santeros y santeras, como uno de los oficios más antiguos y que se han mantenido en el tiempo, relacionados con la devoción a la Virgen de la Sierra y con su archicofradía que ya aparece visitada en 1560, aunque consta que existía con anterioridad, lo mismo que el Santuario cuya primera referencia escrita situamos en el año 1396, como aportó en su día Manuel Nieto Cumplido.

Para continuar conformando estos apuntes históricos de los santeros y santeras de la Virgen de la Sierra de Cabra, nos sirven también las referencias precisas que tenemos a lo largo de los siglos en la santa casa del Picacho. Y vemos que la «casa del santero», es una de las dependencias genuinas, desde finales del siglo XVI, en el Santuario de la Virgen de la Sierra. Un edificio del que se empieza a hablar prácticamente de manera paralela a las noticias de la devoción y que en sus descripciones tenía, además de la iglesia, hospedería, patio, cuarto para los capellanes, dependencias del hermano mayor, del mayordomo, del santero y cuadras para las caballerías. «La parte más antigua de todas es la santería» señalaba el que fuera rector del Santuario, Manuel Osuna Bujalance, añadiendo: «lo que vulgarmente se conoce como cocina estaba destinada a vivienda de los santeros, pues siempre los tuvo desde su iniciación».

Iguales referencias aparecen en inventarios, cuenta, obras y otra documentación del siglo XVII, manteniéndose en las descripciones las dependencias para el santero como uno de los espacios fijos en el Santuario, confirmando así que no sólo existe el puesto - sufragado bien por el concejo local bien por la archicofradía y los devotos -, sino que tenía casa, o habitaciones, en la Sierra para tal fin. Lo mismo ocurre en el siglo XVIII pues también hemos podido leer unos datos muy precisos, de agosto de 1725 y enero de 1726, en tiempos del obispo Marcelino Siuri y en los que nos vamos a detener.

Estos datos también nos ilustran para poner de manifiesto que en esos años debía tener una intensa actividad el santuario al establecerse doce cuadrillas y sus responsables para todos los meses del año. El documento en cuestión, siendo vicario Pedro Fernández de Villalta, habla de nuevo del oficio de santeros. Encontramos que habla de dos hermanos (probablemente ermitaños relacionados con el convento de San Francisco de Paula) Antonio de San Francisco y Diego de San Lorenzo «que asisten al servicio de dicho santuario con ejemplar edificación». Y encontramos otros nuevos oficios: limosnero, asistentes, capellán, teniendo también los nombres de las personas que desempeñaban esos oficios como eran Cristóbal Lorenzo Trujillo, como capellán o Alonso de la Calle como guarda de la Nava.

Es curioso que junto a los santeros, aparece también otra figura singular, la de los cuadrilleros, y en esa fecha se crean 12 cuadrillas para pedir limosnas, una por mes que eran las siguientes: Miembros del estado eclesiástico, para los meses de diciembre y enero; del concejo para febrero; de la nobleza en marzo; gremio de escribanos en abril; labradores en mayo; Andrés Portillo en junio; albañiles y carpinteros en julio; ganaderos en agosto; molineros en septiembre; hortelanos del partido de las Altas en octubre y de las Huertas Bajas en noviembre.

En la referencia a la vestimenta es curioso que dice el texto que llevaban el hermano eremita y el limosnero «calzones de paño negro, medias y zapatos delgados y sombrero de gasse, que parecían más de un modesto representante que de un eremita».

En agosto de 1725 se aprueban unas constituciones en las que también se refleja la existencia de las dependencias del santero y por tanto se mantiene el oficio como uno de los «sirvientes de continuo» de la casa de la Virgen de la Sierra.

Un siglo después, en 1828, tenemos referencias en las cuentas de la archicofradía conservadas en el archivo parroquial de la Asunción, como recogen Lourdes Pérez y Manuel Osuna en el libro citado. En los gastos se reseñan, entre otros, los siguientes:

Para conducción de agua y leña al Santuario, se necesita un criado y una caballería de continuo y en las principales festividades y sus octavas son indispensables tres y aún cuatro para el mismo fin. Además, otro sirviente para limosnero todo el año. Así en lo sucesivo tendrá el Santuario de continuo, dos sirvientes que serán el santero y el demandante.

En 1804, como señala Antonio Moreno Hurtado «el salario del santero era de dos fanegas de trigo al mes». En cuanto a la descripción del oficio de santero también nos aporta luz el documento de septiembre de 1828 al que nos referimos pues señala que se encargará de subir agua y leña de la Viñuela y la Nava a la casa -no olvidemos que el Picacho no tenía agua ni arboleda hasta hace pocos años -, limpieza y custodia, ayudar a misa y demás atenciones a peregrinos, capellanes, hermano mayor o visitas. Por su parte el demandante se encargará de la pedir con la demanda que, junto a los síndicos, recogían donativos en dinero o en grano y aceite, como bien sabemos por otras cofradías de la época en las que eran responsables de pedir y recaudar donativos para el sustento del culto y de las actividades de las hermandades. Se añade que «ambos serán mantenidos de cuenta del Santuario usando el mismo distintivo que hasta aquí» y que el salario será de 45 reales al mes para el santero y 60 reales para el demandante. Hay que indicar que el santero junto al salario también tenía casa y gastos de manutención incorporados, de ahí que percibiera menos cantidad económica. La aportación que hoy llamaríamos en especie constaba de «30 fanegas de trigo anuales y aceite por los mismos conceptos y el alumbrado de lámparas 36 arrobas también anuales». Y especifican que «si se llegasen a necesitar más sirvientes para limosnas, se tomarán o ajustarán por temporadas y se le pagará solo a dinero».

Estas anotaciones de los libros de cuentas serían refrendadas por el obispo Pedro Antonio de Trevilla que, como titular de la silla de Osio confirmaba por decreto a la archicofradía siendo hermano mayor Juan Antonio Ruano y Calderón (que lo fue entre 1827 y 1832).

Las diferentes etapas de esplendor o decadencia del Santuario han tenido también su reflejo en el mantenimiento de un oficio como el de santero fundamental para la guarda de la casa de la Virgen en la Sierra. No digamos las importancia de mantener en condiciones el templo, las lámparas de aceite - en el siglo XX será fundamental para mantener encendida siempre la lámpara de la Virgen y su hermandad-, la acogida a peregrinos y devotos, y un largo etcétera que está por recoger en un trabajo más completo y documentado.

LOS SABARIEGO EN EL OFICIO DE SANTEROS Y SANTERAS

Precisamente en torno a esos años podemos afirmar que empieza la saga de los Sabariego en el oficio de santeros y santeras de la Virgen de la Sierra.
Encontramos en 1835 la referencia de Juan Sabariego como uno de los portadores de la venerada imagen y a partir de ahí podemos hablar, como ha señalado en algún escrito Manuel Osuna Bujalance de la relación de esa familia con el Santuario. Lo mismo que podemos leer en las páginas de La Opinión y en el libro Cabra y su Patrona, las referencias del cronista de Zuheros y gran devoto de la Virgen de la Sierra, Juan Fernández Cruz, afirmando que "hay más de 250 años en los que los Sabariego han sido santeros de la Virgen de la Sierra". No faltan distintas aportaciones en alguna entrevista o crónica de Manuel Mora Mazorriaga en La Opinión, donde también nos dice que se había criado en la Sierra junto al que sería santero a lo largo del siglo XX , Antonio Sabariego López.

Tanto en el siglo XIX como en el XX encontramos como santeros a Juan Sabariego López (conocido también como Juanico Sabariego) que lo sería entre entre 1835 y 1885. Al quedar viudo será su hija Anita Sabariego López la que, junto a él, cuide muchos años de la Virgen y el Santuario. Fue madrina de su hermano Antonio Sabariego López, cuya boda con Soledad Torres Ramírez se celebró en la Sierra en 1919 y según recogía La Opinión «esta boda puede considerarse como un jalón que se planta en la historia de la devoción a la Virgen pues ni los más ancianos recuerdan que se haya casado nadie en el Santuario de la Virgen de la Sierra».

Antonio Sabariego López lo fue desde 1885 hasta su muerte en 1961, ya en el siglo XX; y le sucede su hijo Domingo Sabariego Torres desde 1960 hasta finales del siglo XX, junto a su mujer Rosario Gallardo, que como su suegra, Soledad Torres eran conocidas como «la santera». Ya con la existencia de La Opinión desde 1912, encontramos numerosas referencias a lo largo de todo el siglo XX a la figura del santero, su papel en torno a la devoción de la Virgen de la Sierra, su importancia en el mantenimiento del edificio, anécdotas y vivencias. El reconocimiento que por parte de la archicofradía se les ha tenido - además de costear el gasto para que pueda desarrollar su labor - y en general el que por tantas personas devotas, ha habido y hay hacia los santeros, hace que debamos considerarlos como una figura esencial siempre unida a la venerada imagen de Nuestra Señora, María Santísima de la Sierra y su histórico Santuario. Precisamente Anita Sabariego y luego su sobrino Domingo, eran los encargados de cantar la Salve popular a la Virgen desde la espadaña del Santuario en Votos y Promesas o en las romerías que tenían lugar durante todo el año. Domingo y Rosario, vieron continuada su labor en su hijo Antonio Sabariego Gallardo que ha sido el santero hasta su jubilación el año 2020, en nuestro siglo XXI.

Los santeros y santeras de la Virgen de la Sierra han sido testigos privilegiados de la historia material, espiritual y devocional del Santuario y de todo lo que ha rodeado a la venerada imagen de Nuestra Señora, María Santísima de la Sierra, en su casa de la Sierra. Han presenciado los momentos más débiles y los de mayor esplendor, las obras, mejoras y reparaciones en el santuario con sus transformaciones a lo largo de los siglos. Han sido compañeros silenciosos de cuántas personas han querido acercarse a las plantas de la Virgen permitiendo el acceso al camarín de nuestra patrona, contemplando escenas únicas e inéditas en la profunda devoción de tantas generaciones. Han conocido juntas de gobierno, gestoras y hermanos mayores; capellanes, consiliarios y rectores; hermandades filiales, asociaciones, romerías y peregrinaciones.

Son una herencia viva de la tradición en torno a la ocho veces centenaria devoción de la Virgen de la Sierra, a cuya imagen han acompañado durante los largos días de sus vidas conservándola en su casa de la Sierra. Muchas referencias podríamos relatar de todas estas vivencias únicas y quizá irrepetibles, por mucho que sigan produciéndose casi a diario. Pero otras muchas quedarán, irremediablemente, selladas en la memoria sentimental de aquellas personas que han desempeñado el oficio de santero, captadas en primera persona ante la presencia de la imagen a la que han servido como guardianes y custodios en su casa de la Sierra. Y entre la lista de cuántas personas han desarrollado esta labor privilegiada junto a nuestra Patrona desde el siglo XVI, la familia Sabariego ha tenido un protagonismo indubitable durante más de 250 años. Por ello, pensamos que está por recoger el testimonio vivo y directo de Antonio el santero, como documento único, inédito e importantísimo en la historia más reciente de la devoción a nuestra patrona, siendo heredero de una tradición centenaria de su familia que acaba con él, pero que esperemos tenga continuidad en la nueva familia que se hará cargo de tan honroso y entrañable oficio para que no se pierda nunca.

El reconocimiento que se ha hecho estos días y la placa colocada en la casa de los santeros, en el patio del Santuario, es testimonio de la gratitud que, en nombre de la devoción a la Divina Serrana, ha tenido la Real Archicofradía con esta familia tan unida a la Virgen de la Sierra.

Este año 2021 se espera contar con personas candidatas a un puesto que la tradición egabrense en torno a la Virgen de la Sierra no debe perder y que, con buen criterio, convocan los responsables de la archicofradía. Mantener santeros y santeras de un lugar y una devoción únicos, en el Picacho de nuestros amores, allí donde reside la «Palomita de la Cueva» es una de las aspiraciones que esperamos ver cumplidas en esa concha que guarda el nácar más preciado de nuestra religiosidad: el Santuario de Nuestra Señora, María Santísima de la Sierra.

enlaces de interés

https://www.ivoox.com/historia-entre-lin...
LA HISTORIA ENTRE LÍNEAS: El Santero de la Virgen de la Sierra, un oficio de siglos, en Radio Atalaya 107.3FM

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