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lunes, 25 de junio de 2018 - 00:12 h

Dos nuevos sacerdotes para Córdoba

Yo me apunto a Religión

Algunos detalles curiosos de la celebración del Corpus en los siglos XVI y XVII

22.05.16 - Escrito por: Antonio Moreno Hurtado

En varias ocasiones nos hemos ocupado ya de la fiesta del Corpus Christi en Cabra, de las custodias procesionales y de otros aspectos relacionados con la cofradía del Santísimo Sacramento. Queremos hoy resaltar otros detalles que, aunque menos conocidos, no son menos relevantes para ofrecer una visión de conjunto de la fiesta que fue más importante en Cabra durante cientos de años.

Comparando los gastos que hacían los Cabildos eclesiástico y civil en la Octava del Corpus con los de cualquier otra festividad local, nos damos cuenta de la importancia que se daba al Día del Señor en aquellos tiempos.

Se conservan documentos del siglo XVI con datos de actuación de ministriles en los principales actos litúrgicos y de personas que llevaban un órgano portátil para la música que realzaba la procesión del Corpus Christi.

En el año 1589, se pagaron trece reales a las seis personas que llevaban el órgano durante la procesión del Corpus Christi.

Otra figura importante en esta celebración era la del ministril. Los ministriles solían ser, a la vez, cantores y músicos. Las voces que se solían sacar eran las de tiple, tenor, contralto y bajo. Los músicos recibían, con frecuencia, el nombre de los instrumentos que tocaban. Así, nos encontramos muchas veces los apelativos de chirimías y sacabuches, referidos a personas y no a los instrumentos correspondientes.

Las chirimías eran instrumentos de viento, hechas de madera, con diez agujeros y boquilla con lengüeta de caña. El sacabuche era una especie de trombón de varas, sin teclas, que se alarga y acorta en función de la nota que se pretende emitir.

Como ejemplo presentaremos un documento otorgado ante el escribano Diego Martínez, el día 26 de marzo de 1603, por el que cuatro ministriles se comprometen a actuar en las fiestas religiosas de las cofradías de Cabra. Las dos cofradías más importantes, la del Santísimo y la de la Asunción contribuirían con nueve mil maravedíes anuales cada una; con tres mil maravedíes contribuirían la de la Soledad, la de la Virgen de la Sierra, la de la Vera Cruz y la de la Virgen de la Cabeza; la de Ánimas pagaría dos mil doscientos cincuenta maravedíes únicamente. No figura en la escritura la cofradía de Jesús Nazareno. Los nombres de los cuatro ministriles eran Diego Pérez de Sotomayor, Bernabé Amado, Bartolomé Medrano y Cristóbal Ruiz, todos ellos vecinos de Cabra.

Lo que significa que cada ministril recibía unos ocho mil maravedíes al año por parte de las cofradías.

Con fecha 21 de junio de 1604 se libran por el Concejo egabrense 12 ducados a favor de "Julio Italiano, maestro de música y su compañero y a una hija de Carrión, porque todos sirvieron la fiesta del Santísimo Sacramento el dicho año y su otava con la dicha dança, música y instrumentos".

En el cuarto Cabildo del mes de febrero de 1611 se da noticia de que está vacante la plaza de tiple y que se necesita cubrirla "para el servicio del culto divino (y) para las cosas concernientes a esta Villa". Se acuerda ofrecer el puesto a "Agustín de Carrión, que es ombre y sigue en su ofizio", a quien se ofrecerían cuatro mil reales más que al anterior grupo de ministriles . Se conciertan en 16.000 maravedíes y medio cahiz de trigo. El medio cahiz sería para Agustín y su hermano Nicolás, que también tendría plaza de ministril.

La escritura se otorga en Cabra el día 26 de febrero, ante el escribano Diego Martínez.

Agustín y Nicolás se obligan a acudir a las procesiones del Corpus y octavarios y en todas las demás procesiones y fiestas locales.
El mismo día y ante el mismo escribano, Agustín y Nicolás de Carrión se obligan con la Iglesia y cofradías locales. No se cita el salario a percibir, pero sí se indica que Agustín residía por entonces en la ciudad de Úbeda.

Sin embargo, Agustín de Carrión se ausentó un tiempo de Cabra, al serle ofrecido un puesto de ministril en la catedral de Murcia, con un salario importante.
En el Cabildo del 6 de agosto de 1617 se indica que "por quanto la música de [as chirimías de la iglesia mayor desta Villa están faltas de tiple que les (ayude) para que la dicha música esté (completa) y porque aora de presente está en esta dicha Villa Agustín de Carrión que es uno de los mexores ofiziales de chirimia y maestro dellas que (ay) en el Andaluzia y que, ayudando el suso dicho a los demas ofiziales que ay, está la música entera y sin él no podrá pasar y todos juntos alegran y regucixan todas las fiestas que en la dicha iglesia se celebran...". Por ello se acuerda conceder a Agustín de Carrión "una ayuda de costa" de doce mil maravedíes al año, ya que "dexa de salario quinientos ducados en la iglesia mayor de Murzia y que muchos vecinos por que se quede le dan salario particular entre ellos". Se le pagaría en tres tercios, a contar desde el día primero de agosto.

Pero, a comienzo del año 1619, Agustín de Carrión recibe una buena oferta de Murcia y decide volverse allí.

Junto a las celebraciones puramente litúrgicas aparecen otras populares, profanas, que no siempre eran bien vistas por la autoridad eclesiástica. Por una parte las corridas de toros en la Plaza Mayor o Vieja, a las que tan aficionado fue siempre el pueblo de Cabra.

La presencia de diablillos, vejigueros, saltimbanquis, gigantes, comediantes, gitanos, moriscos y mascaradas diversas demuestran, por otra parte, la aportación popular al realce de la fiesta religiosa.

Los diablillos solían formar parte en una danza conocida como la Judiada. Las danzas se hacían ante el Santísimo, dentro de la iglesia, al finalizar la Misa solemne del Corpus y sobre el tablado de las comedia durante el resto del día, hasta que se iniciaba la procesión de la tarde. Se solían encargar varias danzas distintas a diversos grupos. El número de danzantes solía ser de seis a ocho por grupo y su temática era muy variada: simbólicas, de pasajes históricos o de pura fantasía.

La Iglesia solía costear la danza de los Seises, que había autorizado en Cabra el obispo don Francisco Pacheco y que, hacia 1592, producía un gasto cercano a los doce ducados, incluida la indumentaria de los niños.

Entre los años 1581-82 y 85, Rodrigo Ramírez, obrero de la Fábrica de la Iglesia, gastó en danzas una cantidad de maravedíes que pareció excesiva al Visitador de la diócesis y se ordenó al nuevo Obrero no gastar más de lo autorizado.

En 1588 la Iglesia pagó a unos gitanos 1.766 maravedíes por una danza ante el Santísimo y en 1590 el gasto por danzas y otras invenciones fue de 8.193.

En 1591, la Fábrica de la Iglesia pagó 3.502 maravedíes a Luis Fernández, morisco, por una danza que había hecho su grupo ante el Santísimo.

Por ese tiempo, se solía hacer un mínimo de tres danzas, dos que pagaban los Cabildos y una que pagaba la cofradía del Santísimo Sacramento.

En el Acta Capitular del 12 de mayo de 1601 el Cabildo local ordena "que se saquen quatro (danças)... con música y repique".. El importe de las danzas fue de 6.696 maravedíes, que había adelantado el regidor don Alonso Ruiz de Aguilar. Esta cantidad fue abonada por acuerdo del Cabildo del día 2 de enero de 1602.

En el Cabildo siguiente se acordó abonar a Juan de Cortada el resto de una danza que habían hecho ante el Santísimo.

En el acta capitular de abril de 1603 figura el acuerdo de que salgan el Grifo, dos danzas y las chirimías.

Para el día 9 de junio de 1605, Día del Corpus, el Concejo local acordó contratar "una dança, la mexor y mas nueva que se hallare" y que se trate "con el Cabildo eclesiástico para que la Fabrica de otra danza y las cofradías otra como es costumbre".

En el acta capitular del día 1 de mayo de 1608 ,aparece un acuerdo para que el día de la Octava del Corpus, que sería el cinco de junio, hubiera dos danzas por cuenta del Cabildo y se autorizó que saliera el "Grifo o alimaña...por el antiguydad que en esta Villa ay".

El año 1609 solamente se hizo la danza llamada de los portugueses. En el Cabildo del 6 de julio se acordó pagar a Pedro García de la Rosa veinte ducados, importe de dicha danza.

En el año 1622 era hermano mayor de la cofradía del Santísimo Sacramento don Pedro de Lorite Barrionuevo. Aquel año se gastaron 35.020 maravedíes en las fiestas del Corpus, según las cuentas aprobadas en el Cabildo del mes de abril de 1624, al rendirlas Juan Antonio de Eslava, que había sido Mayordomo del Concejo.

En las cuentas de los años 1651, 52 y 53 se pueden ver numerosos datos sobre la fiesta. Por entonces se hacían la llamada "danza del sarao" y la "danza del cascabel". Las libreas de los danzantes se solían traer de Granada. La danza del sarao del año 1651 estuvo a cargo de Bartolomé de Niebla y su grupo, vecinos de Monturque, con un total de ocho personas, concertándose el precio en 600 reales, dos ovejas, una fanega de trigo y dos arrobas de vino. La danza del cascabel la realizó el grupo de Francisco Martín, hornero, ajustándose en 23 ducados. Aparte hubo que pagar treinta cascabeles a "dos cuartos" cada uno. EI coste total de la fiesta fue de 4.494 reales.

En 1652 se hicieron tres danzas por cuenta del Concejo local. Una del sarao, por la que se pagó a Bartolomé de Niebla 600 reales; la del cascabel, por la que Francisco Martín cobró 264 reales y la "danza de los gitanos" que costó 300 reales. Se gastaron, en total, 4699 reales y medio.

En 1653 se pagaron 24 ducados por la danza del cascabel y 496 reales por la del sarao a un vecino de Cabra llamado Castro y siete compañeros más.

En el año 1654, la cofradía del Santísimo Sacramento se dirige al Concejo local argumentando que no tienen medios para celebrar la fiesta del Corpus y pide
una ayuda económica, que se concede en el Cabildo de junio de ese año.

El año siguiente es especialmente difícil para todos. El acta capitular del día uno de abril de 1655 deja constancia de la penuria de la hacienda local para atender la fiesta del Corpus.

En los años siguientes, los gastos se reducen drásticamente, acordándose en mayo de 1657 y en marzo de 1666 arrendar la hierba de la dehesa de la Nava para los gastos de la Octava del Corpus.

El 28 de abril de 1662, se aprueba una contribución especial sobre el ganado que pastaba en la dehesa de la Nava, para subvencionar el gasto de dicha fiesta. Cada cabeza de ganado caballar pagaría tres reales y la de vacuno un real.

En ese año de 1662, la danza del sarao la organizó Juan Amo y cobró 575 reales, más una fanega de trigo, que costó 33 reales, y carne y vino por valor de otros 36 reales y medio. La danza del cascabel se encargó a Bartolomé Carmona y costó 430 reales, más una fanega de trigo, cuatro arrobas de vino y carne por valor de veinte reales y medio.

Se trajeron de Lucena cuatro rostros o máscaras para los vejigueros, que, con los alpargates y comida, costaron sesenta y cinco reales. Las caretas solían costar a cinco reales cada una.

En 1665 sólo se hizo la danza del cascabel, que costó 400 reales, más una fanega de trigo, cuatro arrobas de vino y catorce reales de carne. Las libreas hubo que alquilarlas en Granada y costaron 500 reales.

En 1668 sólo se hizo la del sarao, que costó 1.322 reales, más las viandas acostumbradas.

En 1669 volvió a haber las dos danzas, que costaron 2.750 reales, incluido el alquiler de las libreas.

Para dar una idea del equivalente actual de estos precios, hay que aclarar que un ducado equivalía a once reales y un maravedí y que un real valía treinta y cuatro maravedíes.

A lo largo del siglo XVII, la moneda sufrió varias devaluaciones importantes. A modo de ejemplo diremos que una arroba de vino valía en 1662 cuatro reales y el jornal de un obrero no cualificado era de unos dos reales diarios.

En 1692 la autoridad eclesiástica prohibió la presencia de diablillos, mascaradas, vejigueros, etc. por los graves escándalos que" se producían durante la procesión.

Por otra parte, la festividad obligaba también a contratar a cantores y ministriles, que ejecutaban chanzonetas y motetes relativos a la celebración del día. Hacia 1633 la cantidad estipulada para ese día era de 1.136 maravedíes.

A mediados del siglo XVI surgen ya autos específicamente sacramentales, como el que escribió Pedraza sobre la Danza de la Muerte y que se representaba en Segovia a mediados de dicho siglo. Se sabe que, en algunos lugares de la Península, los distintos gremios se encargaban de decorar unos carros que acompañaban a la procesión, concediéndose premios a los mejores. Aunque no hemos encontrado datos sobre este tema en Cabra, suponemos que aquí también se haría así y ello nos permitiría aventurar que éste puede ser el precedente de las actuales carrozas de la bajada de la Virgen, el día 4 de septiembre.

Aún cuando se tiene noticia de representaciones teatrales sobre el Misterio del Corpus en Cabra dentro del siglo XVI, los documentos más antiguos que hemos encontrado sobre este tema son ya de principios del siglo XVII.

El día 27 de mayo de 1603, se firma un curioso documento ante el escribano Pedro Ramírez. Horacio Cartaginés, autor de comedias, y los actores Flaminio Antonio y Marco Antonio de Leyva se obligan a pagar al mesonero Pedro Díaz Estirado ciento veintitrés reales que le adeudan. Bendita ingenuidad la del pobre mesonero, ante la promesa de pago de tres forasteros indocumentados.

El acta capitular del día 6 de julio de 1609 hace referencia a un pago de 150 reales que se había hecho "a los comediantes que representaron la comedia en la plaça el día de la octava del Corpus" y que había adelantado Juan López, alguacil. De esta representación dan también noticia las cuentas de fábrica de la Iglesia de la Asunción del año 1609, en las que aparece el pago de una partida de maravedíes para el montaje del tablado.

En un acta capitular de junio de 1624, se recoge la referencia a una escritura otorgada ante Pedro de Rivera Morcillo por "Cristóbal Xuárez, autor de comedias" para representar dos autos sacramentales en la octava del Corpus, por lo que cobraría 1.800 reales, dos fanegas de trigo, cuatro arrobas de vino y un carnero.

Se especifica que la representación tenía que haberse hecho por la mañana y que "por ciertas causas no se hizo hasta la tarde". Se autoriza una libranza de dos mil reales para pagarlo todo.

En el Cabildo del día 26 de enero de 1651 aparece, también, el pago de 750 reales a unos carpinteros por montar el tablado de la comedia del año anterior.

Otro capítulo importante de gastos era el relativo a los cohetes y luminarias.
En 1651 se encargaron a Mathías de Pineda, que montó "un artificio de una colu[m]na y bolaterla y ruedas..."
Los fuegos de 1652 costaron 800 reales, pagándose además a Jerónimo Granados veinte reales por hacer un altar en la calle de San Martín.
En 1653 se pagaron 800 reales a Juan Barrera, vecino de Lucena, por los fuegos del Día del Corpus.
En el año 1662 se pagaron 597 reales a Bartolomé Bueno, vecino de Lucena, por los fuegos. En 1664 se pagan 560 a Gonzalo Villatoro por el mismo motivo.
El maestro cohetero Gonzalo Pinto cobró 656 reales, en 1669, por los "cohetes y ruedas" de la Octava del Corpus. Gonzalo era un mercader portugués que casó en Cabra en el año 1631. Algunos de sus descendientes también fueron mercaderes y coheteros.

Por último, queremos resaltar la presencia en la procesión de un personaje mitológico que causa asombro si se tiene en cuenta la mentalidad religiosa de la época. Pese a la resistencia que ofrecía el clero, cada año participaba en la procesión el llamado GRIFO o alimaña, que era un animal fabuloso, con el medio cuerpo superior en forma de águila y el inferior de león. Se completaba con orejas de caballo.

Un vecino se vestía de este modo, introduciendo así un personaje pagano en una representación genuinamente religiosa.

Aún cuando en las distintas civilizaciones este personaje presentaba ciertas variantes, en todas ellas hacía referencia al demonio malhechor y hostil a la divinidad. Se adaptó al simbolismo cristiano para representar unas veces el demonio y otras la avaricia.

Muchos de estos personajes y las propias representaciones no tuvieron al principio relación directa con la fiesta al Santísimo Sacramento, sino que fueron adaptados a esta celebración una vez que se instituyó la misma.

De ahí que los temas más antiguos tuvieran como motivo el Sueño de José, El Sacrificio de Isaac, la Anunciación de la Virgen, Adán y Eva, la Epifanía, la Invención de la Cruz, etc. Algunos de estos actos se continuaron en Cabra, aunque trasladándose a la mañana del Viernes Santo, habiéndose mantenido hasta los primeros años de la tercera década del presente siglo el Sacrificio de Isaac y el llamado Paso.

Hemos encontrado referencias a determinadas "invenciones" que se hacían también en la Octava del Corpus.

Así, en las cuentas del año 1651 leemos lo siguiente: "A Mathías de Pineda dos mil reales por quatro gigantes, dos barones y dos hembras y quatro animales diferentes..." En las cuentas de 1661 se puede leer lo siguiente: "De una inbición de un Sansón y un león que echava agua, que sirvió el día del Corpus y su octaba, cincuenta y dos reales y medio". "De una enbición de un columpio que se hiço para el día de la Octava, veinte y seis reales y medio".

En las de 1662 se lee: "El risco que se hiço en la plaça, de traer la piedra y juncia y un caño que hiço el calderero, sogas y madera, sesenta y dos reales".

Esta rápida visión de conjunto nos permite adivinar la repercusión que un espectáculo de esta índole podía tener en el ánimo del ciudadano medio egabrense, poco habituado a la presencia de elementos lúdicos dentro de la seriedad de una celebración religiosa. Eran tiempos de fuerte represión en todos los terrenos y cualquier error se pagaba con la excomunión, con una pena a cumplir en galeras o incluso con la muerte.

De la pomposidad de aquellas procesiones solamente nos ha quedado la belleza de la Custodia Procesional que labrara, entre 1621 y 1627, el platero cordobés Pedro Sánchez de Luque.

Sería deseable un renacer de esta festividad local que fue, en tiempos pasados, la más importante de Cabra.

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